Diluir bien el detergente: el error que más dinero cuesta
Echar más producto no limpia más. Estas son las diluciones habituales y por qué pasarse sale caro.

El gasto en droguería de un bar o un restaurante casi nunca se dispara por el precio de la garrafa, sino por la cantidad que se usa en cada cubo. Un detergente multiusos concentrado suele rendir entre 1:100 y 1:200: un tapón de 25 ml en un cubo de 5 litros. Echar el doble no limpia el doble.
Pasarse de dosis tiene tres costes. El primero, evidente: consumes el producto en la mitad de tiempo. El segundo, el aclarado: el exceso de tensioactivo deja película, y esa película atrapa polvo y marca las superficies, así que hay que repasar. El tercero, en suelos porosos, el residuo vuelve el suelo pegajoso y obliga a un desengrase de fondo antes de tiempo.
La forma barata de arreglarlo es un dosificador. Un pulverizador con la dilución marcada a rotulador, o un tapón dosificador en la garrafa, evita el cálculo a ojo de cada turno. Si tienes varios productos, usa botellas de colores distintos y etiquétalas con el nombre y la dilución: el personal nuevo acierta desde el primer día.
Y una regla que ahorra disgustos: nunca mezcles dos productos para reforzar el efecto. La lejía con amoniaco o con limpiadores ácidos desprende gases irritantes. Si un producto no llega, el que no llega es ese producto, no la dosis.
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